jueves, 29 de diciembre de 2011

"Sorpresa" navideña

Como el turrón, he vuelto a casa por Navidad, a aprovechar los pocos días de vacaciones que me quedan para acabar el año. Cierto es que tenía ganas de ver a mi familia y de descansar un poco del ajetreo de la city y del estrés de ir de casa al trabajo, luego a casa de nuevo y lidiar con mis compañeras de piso, que no son mala gente pero que cada día las aguanto menos.

El otro día me pasé por casa de una de las pocas amigas del pueblo que aún se digna en llamarme para saber si ya estoy en el pueblo y quedar para tomar algo. Justo al entrar por la puerta me encontré con la última persona a la que esperaba encontrarme en ese momento: Mr Gracioso.

Como al final terminé borrando todas las entradas anteriores del blog, resumiré en pocas líneas quién es este personaje, por si alguno no sabe de quién estoy hablando. A Mr Gracioso lo conocí en una barbacoa en casa de unos amigos comunes, hubo feeling y atracción desde el primer momento. Nos agregamos en Facebook, Messenger, Tuenti y toda red social habida y por haber, y durante semanas estuvimos flirteando de una manera verdaderamente salvaje que no terminó en cibersexo de milagro (y porque no me van esas movidas). Él me decía que yo le gustaba y todas esas cosas, sin embargo había cosas en su comportamiento que me empezaron a oler mal desde el principio: me decía todo el rato que quería verme pero cuando yo le sugería un día y una hora siempre me ponía pegas; o que me dijera que fuese a verle a su pueblo cuando el que tenía coche era él y no yo. Lo peor de todo es que descubrí que el tío tenía novia (no me fue demasiado difícil, teniendo en cuenta los mensajes que ella le dejaba en su muro, o las fotos en que le etiquetaba) y cada vez que se lo preguntaba me lo negaba, como si yo fuera gilipollas. Un día me cansé y le dije que hasta ahí habíamos llegado, que yo no estaba dispuesta ni a ser segundo plato de nadie ni a liarme con un tío con tan poca catadura moral como él. Además era evidente que el interés que tenía en mí era puramente sexual, lo  que tampoco ayudaba demasiado. Esa misma noche me envió un sms para que nos viéramos en la playa, pero le mandé a tomar viento, harta de sus tonterías, además por aquel entonces yo ya había conocido a Kinderbueno y ya había perdido todo interés en él. A pesar de todo cada 2 x 3 le daba por acordarse de mí y enviarme mensajes diciendo que me quería ver, incluso cuando le dije que me iba a la city me pidió que no me fuera, algo que no termino de entender muy bien.

Este último reencuentro ha tenido lugar más de un año y medio después de la última vez que nos vimos (al menos en persona) Mentiría si dijera que me fue indiferente, sentí algo extraño en la barriga cuando le vi, no siento nada por él pero sí que se me quedó una espina clavada porque en su momento me llegó a gustar mucho y me quedé muy decepcionada con su forma de actuar. Y muchas veces me pongo a pensar y llego a la conclusión de que es una  auténtica lástima que Mr Gracioso sea tan poco leal, si no fuera por ese pequeño gran escollo me habría encantado tener algo con él, tuviésemos futuro o no. Él también se quedó sorprendido de verme, a juzgar por la cara que puso. Nos saludamos y nos preguntamos de forma muy cortés por nuestras respectivas vidas (había que disimular delante de la gente, ya que nadie de la pandilla sabe nada aún). Él me comentó que estaba muy contento, que le habían promocionado en su trabajo y que estaba saliendo con otra chica desde hacía poco (la chica a la que trató de engañar conmigo le terminó dejando hace más de un año), a lo que respondí con la cara más neutral que pude que me alegraba. Cuando nos despedimos me lanzó una mirada de arriba a abajo muy significativa y a los 30 minutos recibí un SMS suyo en el móvil:

"Me he alegrado de verte, ahora estás más buena que antes. La próxima vez que vuelvas de la City llámame"

Si alguien entiende a este tío que me ilumine, porque yo no lo consigo. ¿Qué narices le pasa conmigo, por qué sigue insistiendo después de tanto tiempo y después de las veces que le he dicho que no me va su rollo? Me niego a creer tanta insistencia sólo para un polvo que podría conseguir con su novia o con cualquier otra.

Definitivamente cada vez entiendo menos a los tíos...

martes, 13 de diciembre de 2011

Odio ser tan cobarde

Sí, lo reconozco, soy una cobardica. No del tipo que se rajan si tienen que ir al dentista o a sacarse sangre, pero soy una cobarde que nunca se atreve a plantar cara a los demás. Si alguien se me cuela en la cola del súper, me callo; si alguien me pega un pisotón en el bus, me callo; si alguien hace o dice algo que me sienta mal, me callo.
¿Por qué? Porque soy así de cobarde y tengo miedo no, pánico, al enfrentamiento. No tengo lo que hay que tener para decir las cosas a la cara, y las pocas veces que lo intento me tengo que echar para atrás porque me pongo nerviosa, empiezo a temblar y tartamudeo.

Por eso me pasa lo que me pasa, que la gente se aprovecha de mí, abusa, y yo mientras voy tragando y tragando mientras se acumula el rencor dentro de mí.

Hoy por ejemplo he tenido que enfrentarme con la casera del piso, porque nos está robando comida, y el otro día la otra chica me echó en cara  que siempre tenía que ser ella la que diera la cara ante la otra mientras yo me quedaba callada detrás suya. Y me dio más vergüenza todavía el hecho de que tuviera razón.

Hoy intenté hablar con la mujer y me volvió a pasar, se me aceleró el pulso, se me trabó la lengua y encima evitaba mirarla todo el rato. Soy incapaz de hablar tranquilamente con alguien cuando hay un conflicto, es más, prefiero evitarlo porque sé que cuando me pongo nerviosa soy capaz de hacer y decir cosas muy desagradables. Además soy tan tonta que si me atrevo a echarle un rapapolvo a alguien, encima me siento mal luego.

Envidio a esa gente que no tiene problemas en decir las cosas a la cara, o en meter un corte a los demás cuando les tocan las narices. Yo no, yo voy dejando que la gente me falte al respeto y callo y callo.

Lo que daría por ser un poco más valiente y echada pa'lante...

martes, 6 de diciembre de 2011

Vale, ya lo he hecho

Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma.
Ya me he hecho un perfil en una red social y de momento he enviado un par de guiños.

A ver qué sale de todo esto...

lunes, 28 de noviembre de 2011

Estoy loca

Me quiero apuntar a una página de contacts tipo Meetic pero:
  1. Me da vergüenza 
  2. Me da miedo de que alguien que me conozca encuentre mi perfil
  3. Me da miedo el tipo de gente que me pueda encontrar ahí
  4. No creo que estas cosas funcionen...

domingo, 27 de noviembre de 2011

Los hombres también son masoquistas

(Aviso: este post ha sido escrito con resaca y mucha rabia interior por acontecimientos que sucedieron ayer, que no tienen nada que ver con mi vida sentimental y que ahora no vienen al caso...)

Estoy harta de oír siempre la misma frase cada vez que se tocan temas como el maltrato a la mujer o cuando alguna se queja de lo difícil que es encontrar pareja:

La culpa es vuestra, que despreciáis a los hombres buenos y perdéis el culo por los malotes que os las hacen pasar putas.

Pues lo siento pero no, no me siento identificada. ¿Que alguna vez he estado pillada por un macarra? Totalmente cierto, yo y creo que el 95% de las mujeres, pero creo que esa es una fase más típica de la adolescencia o de otras épocas en que te pillan con la autoestima un poco por los suelos. Yo pasé una vez por ello, pero gracias a Dios huyo de ese tipo de tíos como de la peste.No negaré que hay tías muy inmaduras y con muy baja autoestima que no saben estar con un tío si éste no les trata con la punta del pie, conozco a muchísimas de ellas.

¿Pero acaso es ése un problema estrictamente femenino? Porque ahora se me quedan cortos los dedos de una mano para contar la cantidad de "calzonazos" que conozco, que beben los vientos por tías que les tratan fatal, o que se enamoran de chicas que salen con ellos porque "no les ha salido otra cosa mejor" (palabras textuales).  Y nos vemos en la situación de siempre: cuando es una mujer la que cae en esta trampa, todo lo malo que le pase es culpa suya por gilipollas, y cuando es un hombre el que cae, pobrecito, es que hay mujeres muy malas (o peor aún, algunos prefieren zanjar el tema con un "TODAS PUTAS", frase que últimamente escucho demasiado...)

No creo que se deba estigmatizar a nadie, sea hombre o mujer, por tener la mala suerte de caer en ese tipo de situación, todos somos susceptibles y cualquier comentario de más sobra. Y lo que más me revienta, tanto que me da una rabia sorda, es que cuando tratas bien a la gente te toman por el pito del sereno, y si les tratas a patadas te lamen el culo. Después de lo sucedido con Mateo estoy muy enfadada. Fui la única persona que le apoyó y que estuvo con él cuando todos (su familia incluida) le dieron de lado, y así me lo ha pagado, mandándome a la mierda sin ni siquiera darme las gracias. A todos los chicos con los que he tenido algo les he tratado con educación, respeto y cariño, como me gusta que me traten a mí, ¿y qué he obtenido a cambio? Básicamente que se aprovechen de mí y me den la patada cuando se han aburrido, porque debe de ser que de tan amable soy gilipollas perdida.

Luego pienso en el caso de una conocida mía, que tras un desengaño amoroso del que salió muy mal parada, empezó a tratar fatal a los tíos. ¿Y sabéis el qué? Que ahora pierden el culo por ella, no sé qué les da o qué les hace pero todos los chicos con los que sale o se lía se terminan enamorando de ella, es como si les encantara sentirse pisoteados (y no hablo del típico chico apocado y con baja autoestima, todo lo contrario). ¿Qué significa esto, que para recibir un poco de cariño tengo que empezar a tratar mal a la gente? Yo nunca he sido capaz de tratar mal a nadie, sea mujer u hombre, ya que a mí no me gusta que me traten mal.

Si no fuese inmoral ni fuera contra mis principios, haría un experimento para ver si es cierto o no, pero francamente no estoy por la labor a hacer daño a una persona inocente para comprobar una dolorosa ¿verdad? Siento rabia, mucha rabia, me siento emocionalmente estafada y lo peor de todo es que tengo miedo de que un día aparezca alguien que valga la pena y le haga pagar todo lo que me han hecho los otros.

¿Y cómo voy a saber que alguien realmente vale la pena, si todos al principio me parecen buenos?

viernes, 9 de septiembre de 2011

Qué decepción tan grande

Tengo que desdecirme de lo que dije en este post. Yo pensaba que Mateo y yo habíamos quedado como amigos, que seguiríamos manteniendo una buena relación a pesar de todo...ingenua. Cuando volvió al pueblo le llamé por teléfono para saber qué tal le había ido y esa fue la última vez que oí hablar de él. Nunca más me llamó, ni me cogió el teléfono ni contestó a mis mensajes. Muerto el perro, se acabó la rabia, por lo visto me tachó de su vida sin ni siquiera pedirme mi opinión al respecto.

Pero no es eso lo peor de todo, si no que terminé de convencerme de lo poco que le importo de una manera no muy agradable. Una amiga en común me dijo que me pasara por el Facebook de Mateo porque había algunas cosas que talvez me interesaría saber. Como que por ejemplo se estaba dedicando a tirarle los tejos a una de sus compañeras de su actual trabajo, de la forma más descarada y babosa que he visto nunca. Con mensajes del tipo: "Ay lo que te haría si tú te dejaras", "A ver cuando quedamos para ese café que me prometiste" y otras lindezas por el estilo. Por supuesto no esperaba que me guardara ninguna "fidelidad" pero sí que no habría estado de más ser un poco más discreto y tenerme un poco de respeto, porque no sólo yo he visto esos comentarios, sino la mitad de los amigos que tenemos en común y que estaban enterados de lo nuestro. Y que, curiosamente, también daban por hecho que éramos pareja, aún sin decirles yo nada, con lo cual para más de uno debo de haber quedado como una cornuda o como una gilipollas (o las dos cosas).

Me da exactamente igual que le tire los tejos a otras porque ya no siento nada por él (y ahora menos aún) pero siento mucha rabia por haber sido tan estúpida de dejarme engañar por él. Yo sabía que no era un santo, pero no me esperaba que la persona con la que he compartido casi cinco meses fuera tan distinta a como yo pensaba. Me revienta que después de lo bien que me he portado con él, de todo lo que he sufrido por él, por su situación, de mis esfuerzos por ayudarle, etc.,  me lo esté pagando así, con una total indiferencia, como si yo ahora no existiera. Yo siempre me porté bien con él y le tenía ante todo como a un amigo, así que creo que como mínimo merezco un poco de consideración por su parte.

Se ha aprovechado y reído de mí todo lo que ha querido, y ahora me siento impotente por haberme dejado engañar.

El próximo viernes cojo vacaciones e iré unos días al pueblo. Aún no sé si ir a su trabajo a pedirle explicaciones o pasar de él como de la mierda que es y tratar de olvidarlo todo. El problema es que aún tiene dos DVD que le presté y que me gustaría recuperar porque son de una colección que hice con el periódico, y no me da la gana quedarme con una colección incompleta porque a él no tiene la decencia de devolverme lo que es mío.

Que me devuelva mis películas y ya entonces podré hacer como si hubiera muerto, no quiero saber absolutamente nada de él.

Allá él con su conciencia, si es que la tiene...

domingo, 14 de agosto de 2011

El derecho a la pataleta

Mucha gente al echarle un vistazo a este blog (más bien a las anteriores entradas que eliminé), puede pensar que soy una tía depresiva, maniática, con una vida horrorosa y que no tiene otro cometido en la vida que quejarse. Y yo explicaré, como ya he hecho otras veces, que recurro a este blog como si fuera un saco de boxeo en el que desahogarme, quejarme, criticar y patalear todo lo que me apetezca, ya que hay cosas que no puedo hablarlas con nadie por razones que no vienen ahora a cuento. Y no tengo ninguna necesidad de venir a explicarme o a autodefenderme, pero si algo sé de mí misma, es que por muy bajo que caiga mi ánimo soy una persona optimista consciente de que, menos la muerte, todo tiene solución en esta vida.

Que conste que no me gusta la gente excesivamente gruñona y quejica, la que se queja el 100% del tiempo, la que nunca está a gusto, la que no se conforma con nada y sólo es capaz de ver el vaso medio vacío. Pero vengo aquí a defender el derecho de las personas a quejarse, a llorar, a reclamar y a patalear si le viene en gana. Parece que esté prohibido sentirse mal, deprimirte y expresarte, en seguida te tachan de quejica, de querer llamar la atención.

Estoy pensando en la típica escena en la que un niño se cae y al tratar de consolarlo le decimos "No llores, no llores", a pesar de que se ha raspado la rodilla y está doliendo horrores. O cuando tratamos de consolar a alguien en un entierro "No llores más, Fulanito ya no sufre". O sea, ¿cómo podemos pedir que no llore a una mujer que acaba de perder a su marido? Si algo necesitan tanto el niño herido como la mujer viuda es llorar, llorar y llorar, hasta cansarse, hasta que no les queda una lágrima y hasta que se les haya mitigado el dolor. Y  cuando hayan dejado de llorar, ya podrán levantarse y seguir con la vida. Pero creo que no hace falta ser psicólogo para saber que obligar a alguien a reprimir un sentimiento tan primitivo y natural como el dolor no es lo más aconsejable (si esto lo está leyendo alguno/a, que me dé su punto de vista o me corrija si discrepa)

Soy una firme defensora de la positividad y el optimismo como filosofías de vida, es más, yo siempre pienso que todo pasa, que las nubes se terminan yendo y dejan que brille el sol a gusto, pero también tengo días en que lo veo todo negro, me siento mal, depresiva, etc., y la única manera de aliviarme un poco es quejarme. Y me revienta que venga alguien a reprenderme por ello, a darme lecciones de vida que ya tengo más que aprendidas. ¿Qué pasa, que no tengo derecho a tener mis pataletas de vez en cuando? ¿Por qué esas personas no te congratulan cuando te muestras postivia pero rápidamente corren a tu yugular en cuanto te quejas lo más mínimo?

Anda y que se vayan a la porra, que me dejen quejarme en paz, que al fin y al cabo no les pedí su opinión.

domingo, 7 de agosto de 2011

¿Pero cómo puedes tener tanta cara?

He vuelto a recibir un mail de Kinderbueno, meses después de la última vez que supe de él, cuando me escribió, después de un montón de tiempo sin saber nada de él, para pedirme un favor. Esta vez poco más de lo mismo, aunque para que no se le notara tanto me dedicó al principio unas líneas horteras y melosas en plan "Me acuerdo mucho de tí" "Cómo te va tu nueva vida" "Eres una persona especial", bla bla bla.
¿Que qué quería esta vez? Por supuesto, pedirme otro favor.
¿Y yo qué hice? Pulsar esta tecla:

Que se espere sentado...

sábado, 30 de julio de 2011

No hay mal que por bien no venga

Al final no hubo ni llorera ni pataleta. Esa noche me llamó Mateo por teléfono para despedirse, ya que se iba al día siguiente y no habíamos podido vernos (según él porque había estado muy liado recogiendo sus cosas para volver. Voy a creerle) y cuando colgó sentí como una congoja y se me llenaron los ojos de lágrimas. Pero luego no salió nada más, mi cuerpo se negó a seguirle el rollo a mi estado de ánimo, y al final ni una gota mojó mi almohada.

Al día siguiente me levanté sintiéndome un poco rara, aunque los amaneceres nunca han sido mi fuerte. Pero a lo largo del día, iba dándole vueltas a las cosas (a pesar de que ya había pensado bastante por la noche) y cada vez iba sintiendo como si me quitara un peso de encima. Primero, que siendo algo que no tenía futuro, que era mejor que hubiera acabado ahora y no más tarde; segundo, que menos mal que esto no me ha pillado desprevenida...Ayudó mucho la última discusión  que tuvimos, tras la cual comencé a concienciarme de que no valía la pena preocuparme tanto por una persona que en realidad no sentía nada por mí, y que muy difícilmente podría hacerme feliz.

Una de las cosas que más me ha ayudado a olvidar el tema es la recuperación de mi libertad. Sí, porque llegué a un punto en que estaba un poco cansada de dedicarle todos los fines de semana sin tener ni un instante para mí. Que conste que él nunca me obligó, que lo hice voluntariamente porque me daba mucha pena de su situación: estaba viviendo en casa de un colega y su novia, él les pagaba un alquiler y trataba de ayudarles en lo que podía, pero la novia del amigo no le tragaba y le trataba bastante mal. Y por eso él trataba de pasar el menor tiempo posible en casa, ya que en esa casa terminaba amargado. Y como estaba en paro (haciendo chapuzas esporádicas de vez en cuando) y su amigo le cobraba poco, no podía permitirse irse ni a un piso compartido. Así que pasábamos todo el tiempo de viernes a domingo juntos. Yo muchas veces anhelaba que llegara el fin de semana para estar con él, pero también es cierto que coartaba un poco mi libertad de quedar con otra gente o hacer otras cosas (a veces porque a él no le apetecía, o porque estaba cansado, o porque quería que hiciéramos otra cosa, etc.) Afortunadamente he aprendido de mi error, y nunca más pienso permitir esto otra vez, yo que tantas veces he criticado a esas personas que se vuelven dependientes de sus parejas y se olvidan de sus amigos, sin tener otro vida que no sea su media naranja. Menos mal que no llegué a ese punto, pero poco me faltó.

Así que ahora que él se ha ido (y que creo que no volverá) vuelvo a ser libre para disfrutar de la City, para poder quedar un sábado con mis compañeras de trabajo sin sentirme culpable porque le he dejado "solo". Vuelvo a ser yo, con mis planes y mis ilusiones del día a día, con todo lo que había planeado cuando me vine a la City.

En cuanto a él me alegro mucho de que por fin haya encontrado trabajo después de un año de paro. Sé que está ilusionado y que tiene muchas ganas. Lo que más me gusta es que a pesar de todo no siento ningún rencor por él, como me ha pasado otras veces. Es mi amigo, a pesar de todo, he vivido con él momentos bonitos y eso no me lo quita nadie. Talvez haya pecado de falta de sinceridad conmigo, pero lo que haya hecho mal será cosa suya y de su conciencia. Yo la mía la tengo limpia y sé que he hecho siempre lo que me me ja parecido más correcto.

A vivir que son dos días.

martes, 26 de julio de 2011

Se acabó

Creo que puedo decir, sin miedo a exagerar, que en estos últimos 3 meses he llorado más que en todo el año pasado entero. Sabía que las cosas en la City podrían no presentarse muy fáciles, pero nunca me imaginé que fuera a sufrir tanto. Son muchas cosas: Mateo, acontecimientos concretos, la convivencia en el piso, la soledad, la lejanía...Llevo un par de meses con una nostalgia sorda, terrible de mi casa, de mi gente, de mi antiguo mundo, ese que tanto odiaba antes, que sólo la presencia de Mateo lograba apaciguar, pero ahora que él se va, ¿qué me queda?

Le ha salido un trabajo mejor en el pueblo, y se vuelve. Finalmente ha terminado sucediendo lo que llevo meses temiendo, en parte es una suerte que esto no me haya pillado desprevenida, aunque siga doliendo igual. Lo peor de todo es que creo que talvez sea lo mejor para los dos. Justo la semana pasada tuvimos una discusión tras la cual me quedó claro que lo mejor que puedo hacer es sacármelo de la cabeza. Yo pensaba que, tras los casi 4 meses que llevábamos juntos, éramos pareja, pero por lo visto él no (soy una idiota). Al principio de la relación me limitaba a pensar que éramos "amigos especiales", él acababa de salir de una relación complicada y tan sólo empezábamos a conocernos. Pero con el tiempo nos volvimos inseparables, pasábamos juntos todo el tiempo que podíamos, hacíamos la vida de cualquier pareja, él se quedaba a dormir conmigo en el piso, íbamos al cine, etc. Ya ni nos ocultábamos frente a la gente, todo el mundo estaba enterado de lo nuestro, hablábamos de ir a vivir juntos cuando le saliera un trabajo mejor, de viajar, etc., así que yo cometí el error de asumir que éramos una pareja. Qué equivocada estaba...Veía cosas en él que no me terminaban de cuadrar pero lo achacaba a que aún era muy pronto y que a que él aún estaba tocado por la ruptura con su ex. Como por ejemplo que ya no me daba la mano cuando íbamos por la calle, ni me abrazaba nunca, apenas me besaba...Las palabras bonitas que me decía al principio desaparecieron en cuanto me tuvo. Cada vez que le echaba en cara su falta de afectividad él se limitaba a reírse de mí y darme un par de besos o achuchones para tenerme contenta, pero al cabo de una hora volvíamos a lo mismo. Por esta y por otra razones que tampoco voy a explicar por no hacer esto interminable, comencé a abrigar la terrible sospecha de que él en realidad no sentía nada por mí, o por lo menos que no sentía lo mismo que yo por él.


La semana pasada ya no aguanté más y le pregunté que qué era yo para él. Empezó a reírse y se hizo el loco, le dije, muy seria, que no me cambiara de tema, que quería saberlo. Le dije que hasta entonces yo siempre me había portado bien con él, así que al menos tenía derecho de saber a qué atenerme con él. Era obvio que le puse en una situación comprometida, porque le costaba expresarse, para al final terminar diciendo que yo era su "chica". Su "chica", pero no su novia. Ahí fue cuando fui consciente de todo, como dice el refrán, a buen entendedor pocas palabras bastan. En el fondo fue casi hasta liberador, poder quitarme el peso de encima, pero no por ello dejó de ser doloroso. Una vez más, yo no había sido más que otra amiga con derechos, poco más. A mí no me quería como quería a su ex, de quien estaba perdidamente enamorado cuando comenzaron a salir, y a quien sospecho que no ha logrado olvidar del todo.

Con todo lo que he sacrificado yo por él, por estar con él, por ayudarle...Me daba tanta pena su situación (endeudado, sin empleo, recién abandonado por su novia...) que se me ablandó el corazón por él mucho más de lo que se le ablandó a él por mí. He vuelto a hacer el idiota, pero esta vez tampoco creo que haya sido culpa mía.

Creo que necesito pegarme una buena llorera, y que sea la última de tantas que ya he tenido, mañana será otro día. Espero

domingo, 17 de julio de 2011

Mateo

  • Es bastante alto, podría comer sopas encima de la cabeza tanto de MrGracioso como de Kinderbueno.
  • Castaño de ojos verdes, a mí me parece guapísimo.
  • Lo mejor es que él ni siquiera se tiene por tal.
  • Habla por los codos
  • Lo cual también implica que te interrumpe cuando hablas y a veces no te escucha (me pone de los nervios)
  • Es capaz de socializar hasta con las piedras.
  • Es se las da de trabajador
  • Es honesto y siempre dice lo que piensa
  • Le gustan los animales
  • Se lleva genial con los críos, dice que le gustaría tenerlos algún día.
  • Duerme como una marmota
  • Es muy testarudo
  • Tiene la desagradable manía de gastar bromas pesadas que me han costado más de un disgusto (alguna vez con lágrimas incluidas, casi le mato)
  • No es para nada escrupuloso En realidad resulta que es un marrano.
  • Es apasionado
  • La confianza ha llegado a tal nivel que ya no le da ninguna vergüenza soltar todo tipo de gases en mi presencia, aunque suele cortarse bastante porque sabe que me da mucho asco.
  • Y a pesar de esos "deslices" le sigo deseando igual.
  • Es una persona sencilla y sin complicaciones
  • Le encanta la buena mesa
  • Lleva tatuajes y dos piercings, pero si se los tapa parece un chico "bien" y todo
  • Si un día no me he podido depilar, no pasa nada, esos detalles le traen sin cuidado
  • Le vuelve loco la moda, ir con él de compras es un suplicio
  • Está obsesionado con algunas marcas, desgraciada o afortunadamente hay muchas que no se las puede permitir.
  • No le gusta mucho salir de fiesta, él es más de cine y ver películas, o cenar.
  • El rosa le queda genial, aunque a él no termine de convencerle.
  • Fuma como un carretero, y además ronca.
  • Está enganchado a la Coca Cola
  • Le chifla inventar ensaladas y pizzas.
  • Tartamudea, sobre todo cuando se pone nervioso
  • Me acepta tal y como soy, no intenta cambiarme.
  • Con él todo es natural, me siento a gusto, puedo ser yo mismo y sin necesidad de fingir que soy otra persona.
  • Con él los silencios han dejado de ser incómodos.
  • Estuvimos dos semanas mareando la perdiz, indecisos y muertos de la vergüenza, hasta que un buen día al despedirnos se acercó y me besó en la parada del autobús.
  • Su teléfono tiene una cobertura de mierda, cuando me llama jamás le entiendo lo que dice.
  • Sólo podemos vernos los fines de semana.
  • Y no sé qué nos depara el futuro, pero ahora ya no logro imaginar la vida sin él.

jueves, 2 de junio de 2011

Nota

Llevo semanas planteándome que hacer con este blog. Me he sentido muy tentada de borrarlo e irme sin hacer ruido, pero pienso que no sería cortés ni estaría bien, teniendo en cuenta que muchos de vosotros habéis estado tan pendientes de mí estos últimos meses. Por no mencionar el apoyo que he recibido en algunos momentos, como mínimo os debería una explicación, o una nota de despedida (no sé si definitiva o temporal). Para comenzar me ha dado un arrebato y he borrado todas las entradas anteriores, no quiero conservar esa parte de mi vida que considero ya pasada.

Una de las razones es que mi vida en estos últimos dos meses ha cambiado tanto que no tendría sentido enlazar una parte con la otra. Otra, que siempre me ha rondado la cabeza, es que hay posts que escribí con el corazón, sin pensarlo, pero que preferiría no haber tenido que escribirlos, porque hablaban de cosas muy personales o que atañían a personas de mi entorno. Cargándome el blog reduzco el riesgo de hacerles daño y borro una parte de mi vida que creo que es mejor dejar detrás ya.
La principal razón para dejar el blog de lado es la falta de tiempo. Al tiempo de llegar aquí encontré un trabajo a media jornada, pero tan mal pagado que tuve que buscar otro para complementarlo si no quería vivir a base de pan y agua. No tenía tiempo para nada, terminaba el final del día tan reventada que no tenía ni fuerzas para encender el ordenador, mucho menos ponerme a bloguear. Mis padres me preguntaban si necesitaba dinero, yo decía que no, fingía que iba todo bien, porque lo último que quería era que me terminaran manteniendo, quería buscarme la vida yo solita. Al final mi cuerpo dijo basta, caí enferma y tuve que dejar uno de los trabajos si quería mantener la salud. Me tiré varios días en cama, agotada, durmiendo como una marmota. Encontré otro empleo un poco más acorde con mis estudios, con unos horarios bastante más decentes, pero igualmente mal pagado, aunque al menos me permite pagar el alquiler, comer y todavía darme algún capricho de vez en cuando. Soy licenciada, hablo varios idiomas y cobro menos por hora que cualquier señora de la limpieza (con todo mi respeto a las señoras de la limpieza): esta es la realidad de nuestro país, tu experiencia, tus conocimientos, etc., no importan una mierda. Y prefiero no pensar en ello, porque a pesar de todo yo soy de las "afortunadas" que tienen trabajo y encima de lo suyo, aunque no llegue ni a mileurista...
Después, en cuanto a la convivencia, ha habido altibajos de diversa índole. Para resumir: mi casera no sólo es más vaga que la chaqueta de un guardia, si no que es una de las personas más desordenadas que he conocido, por no hablar de su "alergia" a la limpieza...Y resulta curioso que en el anuncio buscara personas "limpias" cuando ella dista mucho de serlo...Luego, entró una chica en el piso que era un germofóbica total, llegó tirando un montón de cosas a la basura (bayetas, estropajos, paños, escobillas de WC, etc) porque era "antihigiénico", lavaba ropa TODOS los días y lo peor de todo, ya desde el primer día quiso empezar a imponer sus normas: que los platos se guardaran aquí, que se limpiara con papel exclusivamente y no con bayetas, porque era más "higiénico", etc. Al final a la casera se le hincharon las narices y tuvo una conversación con ella. Al día siguiente la chica hizo sus maletas y se fue, dejándonos en paz con nuestros gérmenes. La chica que hay ahora ya me cae un poco mejor, pero sólo un poco. Es súper pesada y todos los días cuando llego de trabajar me tengo que encerrar en mi habitación para estar tranquila, porque si me pilla por banda empieza a contarme mil cosas y me deja la cabeza como un bombo. He empezado a buscar piso, porque ya no me siento a gusto en esa casa de locos y además me pilla lejos del trabajo.
En cuando a mi vida personal, por fin ha sucedido algo por lo que tanto he llorado en anteriores entradas del blog: tengo novio. Mateo y yo hemos terminado juntos, al final pasábamos tanto tiempo juntos que terminó sucediendo lo inevitable, aunque yo reconozco que siempre me había atraído un poco. Era de esperar que sucediera. Estoy contenta, pero no tanto como me imaginaba antes que sería esta situación, talvez porque la vida estresada que llevo no me permite disfrutarlo al 100%, talvez porque sólo nos podemos ver una vez por semana o talvez porque en el escaso mes y medio que llevamos juntos ya hemos tenido alguna que otra crisis (cierto aunque parezca increíble) El problema es que somos dos personas totalmente diferentes, y por mucho que intentemos evitarlo, terminamos chocando siempre. En una de esas peleas tomé la decisión de olvidarme de él y terminar con esa angustia, hasta que volvió a llamarme y me pidió perdón; se me ablandó el corazón y no me quedó otra sino perdonarle y seguir con ello. Sé que mantener una relación no es fácil,que no siempre es todo idílico y que a veces hay que tragarse su orgullo y perdonar, así que me lo tomo con calma. No puedo decir que esté enamorada al 100%, porque no es cierto,pero sí que tengo claro que estoy dispuesta a intentarlo con él: es bueno, trabajador y me trata bien, aunque tenga sus defectos. Tendremos que dejar pasar el tiempo y pasar más tiempo juntos para saber si lo nuestro tiene futuro o no. Yo espero que sí.

Y de momento eso es todo lo que tenía que contar. No tengo intención de actualizar el blog en una larga temporada, más que nada porque no tengo tiempo (me he tirado 3 semanas para escribir este post), pero tampoco voy a cerrarlo, al menos de momento, aunque a veces se me pase por la cabeza. No tengo claro qué hacer, peroalgo en mí me dice que es hora de comenzar una nueva etapa en todos los sentidos.

Gracias por todos esos comentarios, por vuestra amistad, aún sin conocernos de nada, por la risas que me habéis arrancado y los buenos ratos pasados leyendo vuestros blogs.

Hasta la próxima.