miércoles, 25 de diciembre de 2013

De cuando Nina Steele conoció a "Christian Grey"

Un día del verano de 2012 (hace más de un año) estaba en una discoteca con unas compañeras del trabajo y un chico que pasó me empujó y me derramó parte de la bebida. Me puse como una fiera y comencé a gritarle, entonces vino uno de sus amigos y me pidió disculpas. como parecía majo y se le veía avergonzado por el comportamiento de su amigo, acepté las disculpas y nos pusimos a hablar un rato. El chico me pidió el número y nos agregamos al Whatsapp. Era un chico normalito tirando a guapo, moreno, con el pelo corto a lo pincho y una boniita sonrisa. Llamémosle Christian (sabréis en breve por qué).

Era evidente que aquella noche había surgido una atracción entre los dos, así que estuvimos hablando una semana o así y un poco después me invitó a ir al cine. Me recogió en su coche en la puerta de casa, fuimos, lo pasamos bien y al salir me volvió a dejar en la puerta, y antes de despedirnos me besó. Igualito que en las películas, todo súper correcto y romántico. Debo recordar que desde lo de Mateo el año anterior no había estado con ningún otro chico. Como era de esperar me quedé engatusada e ilusionada con este chico, pues lo comparaba con Mateo o con otros chicos con los que había estado y lo tenía todo: era guapo, educado, caballeroso a la antigua usanza (no me dejó pagar mi entrada en el cine ni la Coca Cola que me pedí para tomar, a pesar de mis protestas), etc. Ni yo ni mis amigas podíamos creernos mi suerte, aunque algo en mí me decía que era demasiado bonito para ser cierto, y eso que no suelo ser una persona pesimista.

La siguiente vez que quedamos fui yo quien tomó la iniciativa, ya que consideré que me tocaba a mí dar el siguiente paso, le propuse ir a comer unas tapas el viernes por la noche y dijo que sí. Como iría directa después del trabajo, ese día me arreglé, me maquillé y fui de punta en blanco. Dos horas antes de que finalizara mi jornada laboral recibí un Whatsapp suyo, informándome que lo sentía mucho pero que le había surgido un imprevisto y que no podía quedar al final. Me quedé muy chafada y me dio tanta rabia que hubiera desquedado conmigo con tan poco tiempo, y después de todo lo que me había preparado y arreglado para la cita, que estuve varios días sin decirle nada por Whatsapp. Y ahí me di cuenta de que, como yo no escribía, él a mí tampoco, pero yo seguía en mis trece, el infractor era él, pues que no se esperara a que me quedase colgada

Ya había comenzado a convencerme de que era hora de olvidarme de este chico y pasar a otra cosa cuando el martes siguiente me escribió pidiéndome disculpas por lo del viernes e invitándome a cenar el sábado para “recompensarme”. Me pareció un gesto noble por su parte así que acepté. Le pregunté que dónde prefería que quedáramos, que podía sugerirle un par de sitios chulos que conocía, y entonces fue cuando él me dije que si no me importaba podíamos cenar en su casa. Inocente de mí, me pareció un buen plan.

El día en cuestión me fue a buscar con otro coche distinto al de la primera vez, bastante más lujoso y me sorprendí cuando me dijo que tenía dos. En una ciudad donde muy poca gente tiene coche propio, dar con alguien que tenía no uno, sino dos, no dejaba de ser extraño. Cuando nos acercamos a su edificio, metió el coche en el garaje, salimos, nos montamos en el ascensor y subimos directamente a su “apartamento”. Y digo apartamento entre comillas porque el amigo vivía en un pedazo de ático que ya quisiera para mí uno la mitad de lujoso. Fue ahí cuando caí en la similitudes que había entre este chico y Christian Grey (hacía unos meses que acababa de leerme la trilogía y aún seguía medio obsesionada). En ese momento decidí bautizarle mentalmente como mi Christian Grey particular. El ático era lujoso, no tanto como el Escala, evidentemente, pero Grey no se molestó en mostrármelo, cosa que me sorprendió un poco, pero una vez más, ignoré este dato (error, error, error). Ahí fue cuando descubrí que Christian pertenecía a una familia de bastante dinero, aunque a él no le gustaba demasiado hablar del tema y lo respeté. A mí tampoco me hace sentir cómoda hablar de dinero.

jueves, 7 de marzo de 2013

Piso nuevo, viejo infierno

En todo este tiempo que me he pasado sin actualizar el blog desde mi mudanza a la City me han pasado muchas cosas. Una de ellas es que me por fin me cambié de piso. Encontré uno que me quedaba más cerca del trabajo, y al mes de mudarme ya estaba arrepentida.

La chica que alquilaba el piso no me dio demasiada buena espina cuando fui a verlo, pero pensé que eran prejuicios míos porque la tía era más fea que unos dolores de parto y era un poco rara. Apenas entré a vivir ahí comenzó el acoso, la tía por lo visto no tenía amigos, así que durante los primeros días se dedicó a acosarme para que fuera con ella al super, para ir a dar una vuelta, para ver una peli juntas, me invitaba a ir de fiesta con sus amigos (que no me gustaban un pelo), etc. Yo siempre le decía que no, primero porque no la conocía de nada y no me apetecía ir con ella a ningún lado, y segundo porque ella no me gustaba un pelo y prefería tenerla lo más lejos posible, así que empecé a evitarla y a pasar de ella bastante, en el sentido de que le decía hola, le preguntaba qué tal y poco más.

Entonces, cuando se dio cuenta de que conmigo no tenía nada que hacer, cambió radicalmente de actitud y empezó a hacerme la vida imposible. Intentaba meter cizaña entre el otro chico que vivía en el piso (del que ella estoy segura que estaba enamorada), dejaba cosas sucias por ahí y se saltaba sus turnos de limpieza, sabiendo lo mal que llevaba yo el desorden y la suciedad, buscaba discusiones donde no las había... Eso y que además estaba celosa de mí, porque yo no me privaba y comía de todo, y según ella estaba delgada, mientras que ella, se mataba a hacer dieta y no lograba adelgazar. Lo más patético es que este detalle era uno de los que más le jodían; al principio de mudarme al piso, cuando aún trataba de hacerse amiga mía por todos los medios, me sentía vigilada cada vez que comía algo, porque siempre tenía que hacerme algún comentario sobre las calorías que tenía lo que fuera que me estuviera comiendo, terminando por una queja sobre lo injusta que era la vida, que yo comiera todo tipo de guarrerías y no engordara, y ella comiendo ensaladas sí. Al final opté por comer siempre en mi habitación, lejos de ella. Esta chica no era feliz, estaba muy acomplejada y no tenía amigos. A mí me daba una mezcla de lástima y asco. Lástima porque considero que es muy triste no tener amigos en esta vida, y asco porque si no tenía amigos era por su propia culpa, por su forma de ser.

A los dos meses de estar ahí, viendo el percal, empecé a buscar otro piso, pero la situación se hacía cada vez más insostenible. A los 4 meses se lió gordísima y comenzó el apocalipsis: un día le tuve que llamar la atención porque desconectó el cable del teléfono, aún a sabiendas de que mis padres me llamaban todos los días (este tipo de cosas las hacía aposta y para joder), y entonces se lanzó a por mí como una leona, con su metro cincuenta de estatura de patetismo y miseria. Si no hubiera estado nuestro compañero de piso para separarnos habríamos llegado a las manos y yo en este momento estaría escribiendo este post desde la cárcel, porque os juro que la habría destrozado entera, nada me habría gustado más que desfigurarle esa cara de troll amargado que tenía y liarme a patadas con ella hasta dejarla hecha un trapo.
¿Os choca la agresividad con la que estoy describiendo la situación? Pues sólo para que os hagáis una idea del asco y del odio que despertaba esta persona en mí.

Ese mismo día cogí mis cosas (parte de ellas) y me fui a dormir a casa de unos amigos, que me dieron alojamiento durante el tiempo que tardara en encontrar otro piso. La tía me exigía que le pagara el mes corriente (estábamos a principio de mes) a pesar de que tenía el mes de fianza que le pagué al entrar en el piso, y le dije que ni hablar, que se apañara con el mes de fianza que bastante suerte tenía de que se lo dejara para que se lo metiera por el culo si quisiera (palabras textuales).
Pues por eso, el día que fui a recoger el resto de mis cosas me encontré con que la hija de Satanás había cambiado la cerradura y ya no podía entrar. Intenté recurrir a nuestro compañero de piso en común para que por lo menos me permitiera entrar a por mis cosas cuando la otra zorra no estuviera, pero el tío cobarde me dijo que él pasaba de líos y que lo sentía mucho pero no podía ayudarme. Me sentí tan desolada, tan desesperada y tan furiosa que entre mis amigos y yo llamamos a la policía.

Vino un poli del barrio, bastante comprensivo, por cierto, y se ofreció a ayudarme sin tener que recurrrir a la fuerza o a medidas mayores. Llamó a la puerta y habló con la desgraciada para hacerla entrar en razón. Esta en cuanto vio a un policía en el umbral de la puerta, se quedó blanca y empezó a lloriquear y a mentir diciendo que no era cierto, que si yo había llamado a la puerta no me habría escuchado, porque ella habría abierto la puerta, que no quería problemas, bla bla bla. Luego intentó girar la tortilla, diciendo que yo le debía dinero, ante lo cual le solté: saca pruebas de que te debo dinero yo a ti y no al contrario, y si no las tienes te callas la boca. Mientras el policía intentaba tranquilizarla, mis amigos y yo sacábamos las cosas de mi habitación a toda prisa para acabar cuanto antes. En dos viajes logramos sacarlo todo, y cuando ya me iba, llamé a la tiparraca esta y en presencia del poli le di las llaves del piso (aunque ya no servían porque había cambiado la cerradura) y le obligué a firmar un papel conforme yo le entregaba las llaves y entre ella y yo ya no había ninguna obligación pendiente. Se quiso negar, pero cuando vio que no me bajaba del burro, lo hizo a regañadientes y empezó a murmurar que esperaba que no volviera a aparecer nunca más por ahí y a montar una escenita, que hasta los vecinos se asomaron para ver qué pasaba en el rellano.

Fue una experiencia horrible, más de lo que pueden expresar estas líneas. Fue tanta la tensión emocional acumulada, el estrés, las ganas de estrangular a esa malnacida hasta hacerle escupir sangre, el miedo de saber que mis cosas estaban a merced de esa desequilibrada, la sensación de desamparo de saber que no tienes un lugar dónde vivir, que estás acampada en casa de unos amigos causándoles molestias aunque ellos te perjuren que no y que te puedes quedar todo el tiempo, el agobio de tener que salir del trabajo e ir corriendo a ver pisos para encontrar una habitación decente lo antes posible...Me pasó factura, me pasé unos días muy deprimida, en que apenas dormía ni comía, tomando valeriana y tila y planteándome incluso ir al médico para que me recetaran algo porque vivía angustiada. Pero traté de ser fuerte y al final todo se arregló.

Como cosa de una semana después del altercado, encontré una habitación en un piso compartido con dos hermanas gemelas, que no se parecían en nada, y una de las cuales apenas pisaba la casa porque trabajaba de azafata. La otra gemela estudiaba y trabajaba y era una chica muy simpática y amable, así que me quedé la habitación. El día que por fin me mudé y tuve todas mis cosas colocadas en mi nueva habitación, lloré de alivio, pero también pude dormir del tirón por primera vez en mucho tiempo.

Como podéis ver, he tenido una suerte horrible en esto de compartir piso en la City, mis dos primeras experiencias han sido horribles. Ahora estoy contenta, llevo ya seis meses en este piso y por fin me siento a gusto en un sitio, a pesar de la faena de tener que compartir piso (aunque mis compañeras actuales al menos no me dan problemas). Ojalá pudiera permitirme un apartamento o un estudio para mí sola, pero con el sueldo que gano me es materialmente imposible. Del tema trabajo y de cómo me va en este nuevo piso, os hablaré otro día.

domingo, 27 de enero de 2013

25 signos de que no le gustas a alguien y además le importas una mierda

Después de todo este tiempo me he tomado la libertad de volver con esta especie de manual para evitar caer en las trampas de las relaciones unidireccionales, es decir, sólo una de las dos personas siente algo, mientras que la otra se aprovecha. He escrito estas pautas desde un punto de vista femenino porque es lo que me atañe, pero creo que muchos hombres también podrán sentirse identificados con algunos puntos, al fin y al cabo mentirosos y aprovechados los hay de todos los géneros, orientaciones sexuales, razas, colores y formatos.

¿En qué me he basado para escribir esto? En dos fuentes principales: primero, mi propia experiencia personal, que como muchos ya sabéis es poco más que desastrosa; y la segunda, en sabios consejos que he ido recibiendo de otras personas, o que he leído por Interney o en revistas y me han sido de mucha ayuda. Espero que también sea de ayuda para más personas.
  1. Nunca llama.
    Cuando una persona te interesa de verdad, te preocupas en llamarla o enviarle mensajes. Si siempre eres tú la que se tiene que poner en contacto es evidente que pasa de tí.
  2. Se pasa varios días sin dar señales de vida.
    Y luego alega que "ha estado muy ocupado". Lo mismo que en el punto anterior, cuando alguien te gusta de verdad, siempre hay tiempo para decirle aunque sea hola.
  3. Jamás te pregunta por tí o tu vida Porque no le interesa un pepino. Cuando alguien te gusta de verdad o te interesa conocerle, lo quieres saber todo sobre él/ella: sus gustos, si tiene hermanos, su trabajo, etc. No se quiere involucrar emocionalmente contigo, por lo tanto cuanto menos sepa de tí mejor.
  4. No cuenta nada sobre sí mismo/a .
    Le conviene que sepas de él/ella lo mínimo posible para llevar el control de la situación. Si tiene algo que  ocultar, por algo será, aunque sean sus intenciones de aprovecharse de ti, o que en realidad tiene novia.
  5. Oculta cosas
    Lo mismo que el punto anterior. Rechaza llamadas al móvil cuando está contigo, le suena el teléfono y se encierra en el baño o se va lejos de tí a hablar, tiene su Facebook restringido de manera que sólo puedes ver s foto de perfil, etc. Una persona con buenas intenciones se muestra tal y como es, sin ocultarte nada.
  6. Tu intuición te dice que pasa algo raro.
    Desde la primera cita tienes la impresión de que algo no va bien, no sabes el qué, pero algo te tiene inquieta a pesar de que todo va aparentemente bien. Haz caso a tu intuición, si te dice que algo mal es que es así. Cuando conoces  alguien es normal que haya cierto miedo al principio, pero ese miedo no debe convertirse en inquietud o esa sensación extraña a la que no logramos encontrar explicación. No digo que dejes a un chico porque te da mala espina, pero sí que extremes tu cuidado y no pierdas un solo detalle por lo que pueda pasar. Cuántas veces no habré metido la gamba por ignorar lo que mi sexto sentido me decía...
  7. No te presta atención cuando hablas.
    Te da la impresión de estar hablando sola, apenas responde, sólo murmura un "ajá" distraído para que pienses que te está prestando atención, pero te das cuenta de que no te escucha, se pone a mirar el móvil, o a veces incluso te interrumpe bruscamente cambiando de tema. Que te quede claro: le importa una mierda lo que le cuentes.
  8. Te llama para quedar siempre en el último momento.Te llama un sábado a las 9 de la noche para salir por ahí, ir de fiesta, o te habla un domingo a las 5 de la tarde para que te acerques a su casa a ver unas pelis. La mayoría de las personas solemos programar nuestras actividades de fin de semana con antelación, una persona que te sugiere quedar con menos de tres horas de antelación lo más probable es que se haya quedado sin plan (porque le han dejado colgado/a o lo que sea) y haya recurrido a ti como plan de emergencia.
  9. Te da plantón.Te dice que no puede quedar dos horas antes de vuestro encuentro, o desqueda contigo para hacer otras cosas (como por ejemplo salir con sus amigos). Métetelo en la cabeza: eres su plan B y sólo recurrirá a tí cuando no tenga otra cosa mejor que hacer. Es evidente que tiene otras prioridades.
  10. Es impuntual. Mucho.Se puede ser impuntual una vez, dos a lo sumo, pero cuando una persona a la que estás conociendo llega repetidamente tarde es que se la suda tenerte esperando, lo cual es, en mi opinión, una gran falta de respeto. Y cuando alguien no te respeta es porque no le gustas.
  11. Se pone en contacto contigo a horas intempestivas.
    Véase las once de la noche en un día laboral, un sábado a las cinco de la mañana porque te ha visto conectada en el Whatsapp, etc. A esas horas es evidente que no vais a ir a tomar un café a un bar, precisamente...
  12. No hay comunicación verbal entre vosotros.
    Cuando estáis juntos pasan dos cosas: o eres tú la que habla como una cotorra mientras él te ignora o finge escucharte, o permanecéis los dos en silencio porque no surge tema de conversación.Superada la timidez del principio, este es un síntoma de que aquello que podría parecer el principio de una relación está ya tocado de muerte. Si ya no tenéis nada de qué hablar no vale la pena seguir.
  13. Vuestras citas siempre son el  cine, la disco, tu casa o la suya.
    Con la de cosas que se pueden hacer con otra persona: tomar un café en un bar, ir a dar un paseo, hacer un picnic, ir de compras, ver museos, etc. Pero a él sólo le interesa hacer cosas que no exijan una comunicación verbal como ir a bailar, al cine o acabar en tu casa o en la suya teniendo sexo. Que te quede claro: no quiere situaciones que le obliguen a mantener una conversación contigo.
  14. Sale siempre por su cuenta y jamás te invita.
    No te necesita a su lado, ni los sábados cuando sale de fiesta (seguramente porque se entretendrá ligando con tras chicas), ni en las barbacoas de los domingos con sus amigos, ni cuando se va de compras o a hacer footing.
  15. En público jamás te besa o te da la mano.
    Probablemente porque no quiere que os vean juntos, o que la gente (o tú misma) asuma que sois pareja. Si le gustaras de verdad te exhibiría orgulloso al resto del mundo, pero en realidad es casi como si no quisiera que os vieran juntos.
  16. No te presenta a sus amigos.
    Se cruza con un colega suyo cuando vais por la calle y se para a hablar con él, pero no os presenta, dejando claro que no eres alguien importante para él. Cuando alguien te gusta de verdad te mueres de ganas de presentárselo a tus amigos, por lo menos para que te dén su opinión, este sin embargo parece hasta que te quiera ocultar. Si no permite que las personas más importantes de su vida te conozcan es porque no cuenta contigo en ella.
  17. No tiene gestos cariñosos contigo, o te rehúye cuando tú los tienes con él.
    Le intentas coger la mano y se escabulle, o te apoyas en su hombro pero él permanece rígido y no te rodea con el brazo o inclina su cabeza hacia ti. Su lenguaje corporal es claro: no quiere gestos íntimos contigo.
  18. Sólo es cariñoso contigo cuando hay sexo de por medio.Ver punto 17.
  19. Vuestras citas siempre tienen que acabar en sexo.Cuando hay una atracción física es inevitable terminar siempre en la cama, pero hay tantísimas otras cosas que hacer con una persona que te gusta...aunque sea sólo ver una peli tapaditos con una manta.Y si le dices que no te sientes bien o que te duele la cabeza/barriga y aún así insiste en tener sexo, te está demostrando que sólo eres un objeto sexual para él y que tu malestar físico le importa un comino.
  20. Queda contigo en sitios que queden lejos de su ambiente habitual.
    Ver puntos 14, 15 y 16. No quiere que os vean juntos, o le da vergüenza o no quiere que la gente piense que eres su novia, o sencillamente le conviene que no se entere nadie porque tiene novia y se la está pegando contigo...Repito: una persona a la que le gustes de verdad no te esconde, sino todo lo contrario.
  21. No te dice que eres guapa sino que "estás guapa"
    No le interesa lo profunda que sea tu mirada, o que tengas un pelo bonito, él sólo ve el escote, tu maquillaje y lo buena que estás en este momento. No ve más allá porque tu verdadero tú, el que está libre de maquillajes y adornos, no le interesa.
  22. Coquetea con otras chicas.Se gira cuando pasa una chica con un buen cuerpo, mira a otras tías descaradamente, y todos los fines de semana le etiquetan en fotos donde sale siempre rodeado de compañía femenina. Es un mujeriego, olvídalo, con este tipo de hombres NO se puede ser feliz, por no mencionar que incluso puedes jugarte tu salud por acostarte con alguien que mantiene relaciones con otras personas y te lo oculta. Y no caigas en la trampa de pensar que puedes ser la persona que le haga cambiar, no sólo no lo eres (porque no le importas un comino) sino que por culpa de esta fantasía ridícula muchas chicas hemos acabado llevándonos serios batacazos emocionales. No vale la pena, en serio.
  23. Miente descaradamente.Te han contado que tiene novia, incluso has visto fotos, o les has visto juntos, y aún así tiene la cara de negártelo. O te niega haber estado en tal sitio el sábado por la noche cuando le has visto tú con us propios ojos. O que estuviera coqueteando con esa chica del vestido beige cuando regresaste del baño. No sólo te miente sino que encima te toma por gilipollas.
  24. Te dice que en este momento no está preparado para una relación.Cuando en realidad lo que trata de decir es que no está preparado para una relación CONTIGO. No te creas la cantinela de que con el tiempo talvez cambie la cosa, si se siente a gusto con esta situación, en la que puede acostarse contigo cuando quiera pero sigue teniendo la libertad de estar con otras personas, créeme que no le interesará cambiarla. No sean tan tonta de perder tu tiempo con alguien que te tiene para pasar el rato.
  25. Y por último: nunca te ha dicho que le gustes o que quiera tener algo serio contigo.
    Más claro agua, no le gustas y punto. Si después de un mes de estar viéndoos no te ha dicho nada sobre lo que siente por ti (incluso aunque se lo preguntes) es que sencillamente no sienta nada, y sólo está pasando el rato contigo.
Si ahora mismo atraviesas por una situación en la que se dan por lo menos cinco puntos de los anteriormente mencionados, plantéate si te vale la pena seguir con esta "relación". ¿Realmente crees que te mereces tan poco? A partir de este momento tienes que ser consciente de la situación y de lo que hay entre vosotros, si a pesar de todo esto te terminan haciendo daño porque te has hecho ilusiones, la culpa será tuya. No puedes exigir ni esperar nada de alguien que no te ha prometido nada tampoco, y que no te ha demostrado en ningún momento que sienta algo por tí, más allá de la simple atracción física. Tienes que aprender a distinguir entre la fantasía que pasa por tu cabeza y la realidad, que muchas veces es mucho más cruda de lo que nos gustaría, pero que ahí está, dispuesta a golpearte en la cabeza en cuanto te descuides.

Es difícil aceptar que no le gustas a alguien, pero es preferible asumirlo cuanto antes y cortar el círculo vicioso de tratar de gustarle a alguien a quien no le gustas. Porque mientras pierdes tu tiempo con una persona que no te aprecia estás perdiendo la oportunidad de conocer a alguien que sí sepa apreciar tus cualidades y sea capaz de darte lo que tú buscas.

A mí me ha costado muchos batacazos aprender esta lección de vida, pero ahora lo tengo más claro que nunca: te mereces a alguien que te quiera de verdad y te haga feliz, no alguien que te utilice y te haga sentirte como un trapo viejo, y ante todo tienes que quererte y respetarte a tí misma si quieres te los demás te quieran y te respeten.

Recuerda que has venido a este mundo a ser feliz, no a ser humillada, mantente firme, busca tu felicidad y apara de tu vida todo aquello que pueda hacerte daño, porque no estamos para aguantar gilipolleces de nadie.