domingo, 14 de agosto de 2011

El derecho a la pataleta

Mucha gente al echarle un vistazo a este blog (más bien a las anteriores entradas que eliminé), puede pensar que soy una tía depresiva, maniática, con una vida horrorosa y que no tiene otro cometido en la vida que quejarse. Y yo explicaré, como ya he hecho otras veces, que recurro a este blog como si fuera un saco de boxeo en el que desahogarme, quejarme, criticar y patalear todo lo que me apetezca, ya que hay cosas que no puedo hablarlas con nadie por razones que no vienen ahora a cuento. Y no tengo ninguna necesidad de venir a explicarme o a autodefenderme, pero si algo sé de mí misma, es que por muy bajo que caiga mi ánimo soy una persona optimista consciente de que, menos la muerte, todo tiene solución en esta vida.

Que conste que no me gusta la gente excesivamente gruñona y quejica, la que se queja el 100% del tiempo, la que nunca está a gusto, la que no se conforma con nada y sólo es capaz de ver el vaso medio vacío. Pero vengo aquí a defender el derecho de las personas a quejarse, a llorar, a reclamar y a patalear si le viene en gana. Parece que esté prohibido sentirse mal, deprimirte y expresarte, en seguida te tachan de quejica, de querer llamar la atención.

Estoy pensando en la típica escena en la que un niño se cae y al tratar de consolarlo le decimos "No llores, no llores", a pesar de que se ha raspado la rodilla y está doliendo horrores. O cuando tratamos de consolar a alguien en un entierro "No llores más, Fulanito ya no sufre". O sea, ¿cómo podemos pedir que no llore a una mujer que acaba de perder a su marido? Si algo necesitan tanto el niño herido como la mujer viuda es llorar, llorar y llorar, hasta cansarse, hasta que no les queda una lágrima y hasta que se les haya mitigado el dolor. Y  cuando hayan dejado de llorar, ya podrán levantarse y seguir con la vida. Pero creo que no hace falta ser psicólogo para saber que obligar a alguien a reprimir un sentimiento tan primitivo y natural como el dolor no es lo más aconsejable (si esto lo está leyendo alguno/a, que me dé su punto de vista o me corrija si discrepa)

Soy una firme defensora de la positividad y el optimismo como filosofías de vida, es más, yo siempre pienso que todo pasa, que las nubes se terminan yendo y dejan que brille el sol a gusto, pero también tengo días en que lo veo todo negro, me siento mal, depresiva, etc., y la única manera de aliviarme un poco es quejarme. Y me revienta que venga alguien a reprenderme por ello, a darme lecciones de vida que ya tengo más que aprendidas. ¿Qué pasa, que no tengo derecho a tener mis pataletas de vez en cuando? ¿Por qué esas personas no te congratulan cuando te muestras postivia pero rápidamente corren a tu yugular en cuanto te quejas lo más mínimo?

Anda y que se vayan a la porra, que me dejen quejarme en paz, que al fin y al cabo no les pedí su opinión.

domingo, 7 de agosto de 2011

¿Pero cómo puedes tener tanta cara?

He vuelto a recibir un mail de Kinderbueno, meses después de la última vez que supe de él, cuando me escribió, después de un montón de tiempo sin saber nada de él, para pedirme un favor. Esta vez poco más de lo mismo, aunque para que no se le notara tanto me dedicó al principio unas líneas horteras y melosas en plan "Me acuerdo mucho de tí" "Cómo te va tu nueva vida" "Eres una persona especial", bla bla bla.
¿Que qué quería esta vez? Por supuesto, pedirme otro favor.
¿Y yo qué hice? Pulsar esta tecla:

Que se espere sentado...